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Cartago contra Roma, Segunda Guerra Púnica, 1ª parte

Siendo el resultado de la Primera Guerra Púnica con cierta incertidumbre respecto al dominio mediterráneo de las dos potencias en litigio, se atisba en el trascurso de la segunda confrontación una inclinación de la balanza hacia el lado romano, en donde tras una intensa actividad bélica por ambas partes, se puede decir que la preponderancia de Roma se va orientando hacia su terreno. Aun así todavía falta, después de esta segunda fase, una tercera para decidir definitivamente el dominio de Roma sobre el Mediterráneo.

Se plantea en esos momentos el contencioso sobre Sagunto, ciudad griega protegida por Roma, que los cartagineses precisaban dominar para asegurar el control de Iberia. Anibal no obstante rechaza cualquier componenda con los romanos sobre Sagunto por el tratado del año 528-226, tan seguro estaba del dominio de la ciudad, poniéndole asedio rindiéndose esta a los ocho meses

Anibal como precaución quiso crear un hinterland antes de abandonar Hispania, enviando 13.800 infantes y 1.200 caballeros hispanos junto con soldados libios hacia África. Al mismo tiempo reúne esa misma primavera en Cartagena a 90.000 infantes, 12.000 caballos y 37 elefantes en 536-218.

Anibal dirige sus tropas hacia la Galia dejando atrás los Pirineos, con el propósito de invadir Italia por el norte, adentrándose en la región de Narbone y Nimes hasta llegar al rio Ródano a finales de julio colocándose frente a Avenio (Aviñón).

Mientras tanto Escipión desembarca en Marsella al término del mes de junio con un contingente inferior al de los cartagineses, compuesto por 22.000 infantes y 2.000 caballos.

Anibal se ve obligado a organizar el paso del Ródano con una flota improvisada de barcos adquiridos a toda premura, junto con balsas, almadías y todo cuanto pudiera flotar, poniendo tropas al mando de Hannón hijo de Bomilcar, en la búsqueda de un lugar propicio del río a fin de poderlo vadear con seguridad.

Escipión no obstante a pesar de los preparativos del enemigo, se toma los acontecimientos con suma calma, aun a pesar de que sus aliados galos le van informando sobre los movimientos de las tropas cartaginesas.

Escipion posteriormente reacciona ante la situación forzando su ejército con el fin de sorprender al contingente cartaginés, llegando al lugar del enemigo pero este ya había desaparecido tres días antes, aplazándose una vez más la ocasión de enfrentarse con las fuerzas de Anibal, el cual atraviesa el Ródano llega a Génova para aliarse con sus destacamentos a fin de hacerse fuerte en espera de los romanos. Escipión no obstante se limita a rehusar el encuentro dirigiéndose a Hispania bajo las órdenes de su hermano Gneo, regresando con el resto de sus tropas a Pisa.

Anibal emprende el camino hacia lo Alpes atravesándolos por la Galia Cisalpina en territorio de los Copios lugar de taurinos de los Alpes Grecos (Pequeño San Bernardo) con los salasas de Aosta y Ibrea llegando al Valle del Alto Iser cercano a la ciudad de Chambery al pie del Collado o de Gran Cadena, situación más baja de los Alpes, unos 2.192 metros de altitud, pero el más difícil ya que por estas zonas eran los caminos menos rectos y seguros, puesto que a parte de la difícil travesía, peligrosa por el gran número de tribus muy beligerantes, como lo fueron los alobroges, con la fortuna de que al estar en guerra entre ellos mismos, su jefe más influyente se alió a Anibal ofreciéndose como guía, y abasteciendo de armas, ropas y calzado para las tropas tan necesarias a los cartagineses.

En la bajada hacia el lago Burget la orografía no les fue propicia ya que caballos y burros se precipitaban al vacío, al mismo tiempo que eran atacados por los galos, por lo tanto Anibal hubo de contra atacar probocándoles grandes bajas, a parte del entorpecimiento que le supuso la marcha por los Alpes, tras lo cual pudo llegar al valle del Alto Iser, logrando descansar brevemente.

Anibal tras este pequeño reposo alcanza el territorio de los ceutrones, en donde teniendo que tomas toda clase de precauciones, y aunque las gentes del país les esperaban en la frontera, ofreciéndoles como muestra de amistad ramos de flores, carnes, guías y rehenes. Aun así cuando se alejaron del Alto Iser por el arrollo de Reclusa se encontraron con un terreno muy salvaje y estrecho, y un gran desfiladero, que aprovecharon los ceutrones para atacarlos al paso del mismo por su retaguardia del Pequeño San Bernardo, intentando dividir a las fuerzas de Anibal.

Anibal con una gran intuición previno las intenciones de los ceutrones, trasladando rápidamente la mayor parte del ejército hacia su vanguardia junto con sus pertrechos y provisiones, aposentándose en la parte delantera, acampando seguidamente para descansar, dejando la caballería en la retaguardia del mismo, la cual tuvo que soportar el ataque enemigo..

Anibal preparado para la lucha en su campamento, se apresta en la madrugada junto el resto de su ejército de la sufrida retaguardia con grandes pérdidas de su contingente y, reunidos ya con sus compañeros esperaron el ataque del enemigo hostigador, logrando repelerlos no sin gran dificultad ocasionándoles grandes bajas. El ejército de Anibal se acerca a las montañas de Cramont, con sus nieves perpetuas, que han de despejar los soldados a fin de poder transitar los animales no sin una gran dificultad, sobre todo por los elefantes, los cuales soportaban mal las bajas temperaturas y el agravante por el cual muchos de ellos mueren por unas infecciones en las patas a causa del frío.

Anibal llega al territorio de Duria lugar de los insubrios los cuales acogen amigablemente al ejército cartaginés, siguen la travesía y a mediados de septiembre alcanzan la llanura de Ibrea (Eporedia) pudiendo alojarse en las aldeas logrando descansar durante 24 días, del mismo territorio de los turinenses siendo ocasión de poder seguir descansando sus 30.000 hombres, ya que belicosos guerreros al estar ausentes del lugar no pudieron atacarles.

Anibal y anteriormente bajo los preparativos de Amilcar, realizaron una hazaña no obstante aun las cuantiosas pérdidas en hombres, animales y pertrechos resultó un éxito a pesar de los errores cometidos por Anibal, subsanados estos por su gran capacidad organizativa y militar, logrando una gesta de gran calado como lo fue el atravesar los Alpes durante un difícil y cruel invierno con nieves a unas bajas temperaturas a que los soldados no estaban acostumbrados.

Anibal de un ejército para la travesía de los Alpes compuesto por 50.000 infantes, 9.000 caballos y 37 elefantes, quedó reducido a 20.000 infantes, 6.000 caballeros y 7 elefantes, habiendo sucumbido unos 33.000 hombres.

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