Antigua Roma

REPUBLICA ROMANA

Dos rivales entre si, disputándose el poder de Roma.

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MARIO Y SILA

Mario, elegido siete veces cónsul, y llamado el tercer fundador de Roma, por sus relevantes éxitos militares.

Cayo Mario, nació en Arpino el año 157 a.C, de una familia noble de la clase ecuestre, con buenas dotes militares, y reformador del ejército romano, reestructurando las legiones que dividió en cohortes.

Mario obtuvo varios cargos en el gobierno de Roma, siendo elegido Tribuno militar gracias a sus éxitos en la milicia, ingresando posteriormente en el Senado, accediendo al cargo de Tribuno de la plebe, fue elegido pretor, según parece por métodos dudosos.

Mario fue enviado como gobernador a Hispania Ulterior, consiguiendo varios triunfos militares, aunque poco reconocidos en Roma.

En años anteriores estalló la “Guerra de Yugurta” contra la República Romana, puesto que el país de Numidia al mando de su comandante Yugurta se levantó contra Roma, el cual era sobrino e hijo adoptivo del rey númida Micipsa, en donde el historiador romano Cayo Salustio Crispo, narrador de esta guerra, aunque el rey Micipsa dispuso a su muerte repartir su reino entre sus tres hijos. Yugurta no dudó en obtener por cualquier método su dominio sobre Numidia, asesinando a muchos habitantes de su propio país como también a ciudadanos romanos, por lo que Roma, le declaró la guerra.

Roma envió al cónsul Lucio Calpurnio Bestia contra Yugurta, consiguiendo firmar una rendición pero con sospechas de estar amañado, e intentó asesinar a su sobrino Massiva, que vivía en Roma, por lo que Yugurta fue expulsado de esta ciudad a la cual había acudido por orden del Senado.

Yugurta vence al ejército romano comandado por el pretor Aulo Postumio Albino, y como siempre, por malas artes a las que siempre acudía a fin de conseguir sus ambiciosos propósitos, así que Roma envía al cónsul Quinto Cecilio Metelo, contra Yugurta, el cual se ve obligado a utilizar guerra de guerrillas.

Entre tanto Mario por discrepancias con Metelo, su lugarteniente, es encargado de seguir la lucha contra Yugurta, cosa que Mario ambicionaba, aun así la guerra no acababa de inclinarse por ninguno de los dos bandos, hasta que Boco I el rey de Mauretania negoció la paz con Roma, y obtuvo por este motivo parte del reino de Numidia, con lo que Yugurta fue hecho prisionero, exhibido públicamente, y estrangulado en la cárcel Tullianum del Foro Romano.

Todo ello demostraba el decaimiento de la República Romana, perfilándose una de las últimas confrontaciones civiles republicanas, entre Mario y Sila, aprovechándose ambos de la anterior ley de reforma agraria impulsada por los Gracos, que el Senado intentaba anular, a fin de continuar con sus prerrogativas políticas.

Mario se enfrentó a los cimbrios y teutones, que desataron grandes batallas, las cuales fueron ganadas por el ejército de Mario, con impresionantes bajas por ambas partes, pero la cuestión es que Mario se ganó el favor de Roma, además de sofocar varias rebeliones interiores. Las tierras que fueron repartidas por los Gracos, se llevaron a cabo, pero los tribunos Saturnino y Glaucia a la sombra del propio Mario hicieron sus propios negocios, bajando la tasa del trigo, poniendo en riesgo el presupuesto del estado romano, siendo castigados por Mario a estancias del Senado, siendo eliminados cuantos intervinieron en estas fraudulentas maniobras.

Por otra parte Roma no tuvo en cuenta las necesidades del resto de la península italiana, con lo que hubo una rebelión contra el poder de Roma, la cual se espantó de lo que se le venía encima, echando mano de Mario, que organizó un ejercito, no teniendo piedad de nadie, masacrando a todo el territorio, tras lo cual Mario siguió alentando la guerra civil de la República Romana.

Lucio Cornelio Sila, nació en Roma el año 138 a.C, pertenecía al bando de los optimates, cónsul y después dictador, perteneciente a una familia acomodada, ya que al morir su padre percibió una gran fortuna, heredando también de su difunta madrastra, legándole además una cortesana de Sila, llamada Nicrópolis que al morir le cedió todas sus posesiones.

Aun Sila, con escasas pretensiones militares o políticas, pero con sus antecedentes libertinos de juventud, poseía una enorme fortuna que le permitía financiarse las campañas guerreras, siempre con el afán de dominio sobre cualquier obstáculo susceptible de hacerle sombra. Los éxitos de sus conquistas, fueron plasmados en la Guerra de Yugurta, aun que el mérito y la gloria las obtuvo su oponente Mario.

Sila emprendió la guerra contra el rey de Armenia, Tigranes, y el rey del Pontos Euxinus Mitrídates VI (Anatolia, Asia Menor).

Mientras tanto en Roma se preparaba nuevos acontecimientos, Sulpicio Rufo tribuno y demagogo, respaldado por los ecuestres organizó la distribución de nuevos ciudadanos entre todas las tribus, cuyos grupos financieros ofrecían a Mario las campañas contra Mitrídates, arrebatándoselas a Sila, por lo que estalló una violenta rebelión en Roma.

Sila tras la derrota de Mitrídates, llenó la ciudad de Roma con el inmenso botín conseguido, no obstante el pretor Preste contrario a Sila, asesinando a los senadores que figuraban en las listas negras, tras lo cual los sicarios desvalijaron la ciudad, uniéndose a Mario que tomó el mando reuniendo un ejército declarando la guerra a Sila, enfrentándose en la batalla de Puerta Colina, la mas sangrienta de aquellos tiempos, muriendo la mitad de los hombres de Mario, donde ocho mil prisioneros fueron degollados, el mismo Mario se suicidó, siendo decapitado mostrando su cabeza en el Foro de Roma.

Sila tras lo cual se nombró a si mismo dictador, favoreciendo a la aristocracia, restituyendo los privilegios a la gran burguesía, que gozaban antes de los Gracos, licenciando al ejército, decretando desde entonces, la prohibición de entrar el ejército a Roma.
El dictador Sila, se cansó pronto de su mandato, retirándose de sus deberes políticos, dedicándose a lo que mas deseaba, sus devaneos amorosos,o reuniones intelectuales, escribiendo sus Memorias, de las cuales solo nos han llegado algunas partes.

Sila murió en Puteoli, Campania, el año 78 a.C, no sin antes escribiendo su propio epitafio: “Ningún amigo me ha hecho favores, ningún enemigo me ha inferido ofensa, que yo no haya devuelto con creces”, Ciertamente fue así.

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