Roma Imperial

DINASTIA CONSTANTINIANA

Desesperados intentos involucionistas, para la restauración del culto pagano.

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III-JULIANO EL APOSTATA

Flavio Claudio Juliano, nacido en Constantinopla (Estambul), en el año 331 o bien 332, hijo de Julio Constancio (hermanastro de Constantino el Grande), y Basilina, parienta esta del obispo Eusebio de Nicomedia, y tutor de Juliano.

Es de destacar en Juliano, que aun a pesar de sus aficiones favoritas, la Filosofía y la literatura, tuvo que acceder a los deseos del entonces emperador Constancio, al confiarle el mando de los ejércitos orientales, donde hubo de combatir a los francos y alemanes que habían invadido las fronteras del Rin, a pesar de su poca apetencia por la milicia y las expediciones guerreras, si se fue fijando en las acciones de sus generales, adquiriendo con ello la suficiente experiencia.

Juliano fue aclamado por sus soldados nombrándolo Augusto, lo que equivalía al título de emperador, Constancio se sintió traicionado por este acontecimiento, apresurándose Juliano por medio de una carta, al declararle que él nada tenía que ver con su nombramiento, pidiéndole perdón, por lo que Constancio accedió a sus disculpas, condicionadas a que Juliano renunciara al trono de Roma, pero Juliano se negó, demostrándoselo al dirigir sus tropas contra Constancio, el cual antes del encuentro en el campo de batalla, murió, por lo que la acción bélica quedó paralizada. La sorpresa de todos fue, que al abrir el testamento de Constancio, vieron con estupefacción que nombraba a Juliano como su sucesor en el gobierno del Imperio Romano.

Juliano aun estaba resentido tras la matanza propiciada por su antecesor Constancio, donde asesinó a su hermano Galo, así como su padre, tíos y primos; según la ancestral costumbre romana, de las sangrientas depuraciones entre emperadores y súbditos más allegados. Por otra parte Juliano al ser educado por el obispo Eusebio de confesión arriana, siendo un duro maestro para el joven Juliano, inclinándose éste hacia la cultura griega, inculcado por su siervo escita Mardonio, mostrándole toda la sabiduría encerrada en el clasicismo de los filósofos helenos, aficionándolo al mismo tiempo en la lectura de Homero.

Todas estas influencias calaron hondamente en el ánimo de Juliano en uno u otro sentido, por tal motivo inclinaron a Juliano, hacia una mentalidad gnóstica, lo que explica en parte, su aversión para con el cristianismo, intentando por todos los medios, instaurar la antigua religión pagana de los romanos, pero esta vuelta a las creencias clásicas no pudo despertar demasiadas pasiones entre las gentes. Incluso Juliano dio amplia libertad a los hebreos en el ejercicio de sus cultos religiosos, por lo que ordenó la reconstrucción del Templo de Salomón, mostró poco entusiasmo en impedir la libre circulación de las múltiples herejías, que asolaban al cristianismo ortodoxo, es por este motivo que fue llamado en su tiempo, “El Apóstata”. El cristianismo para Juliano, era una religión llena de vicios, con muchos de sus más relevantes miembros en decadencia, fue tolerante hacia ellos, pero no permitió que ninguno de sus miembros, obtuvieran cargos importantes en la administración o gobierno del estado romano, manteniéndolos marginados e incluso a veces perseguidos, queriendo a toda costa mantenerse imparcial a sus problemas, aun los graves acontecimientos interreligiosos, ya que en Alejandría los paganos asesinaron al obispo Jorge, tomando la revancha los cristianos al incendiar en Antioquia, el templo de Apolo, ante ello Juliano no tomó ningún tipo de represalias.

Volvieron los problemas para Roma, procedentes de los sasánidas de Mesopotamia, al ponerse en pie de guerra el rey Sapor II, tal y como lo hiciera sus reyes en épocas de Constantino el Grande. Por lo que Juliano el Apóstata, tuvo que hacer frente a esta nueva amenaza, construyendo una fuerza naval compuesta por mil barcos de guerra, que fue descendiendo por el río Tigris, al principio las primeras batallas fueron favorables a Juliano, hasta llegar frente a la capital sasánida Ctsifonte, de donde tuvo que retirarse, consiguiendo Sapor II rechazar las legiones romanas, ante la imposibilidad en el asalto de las imponentes murallas de la ciudad, y siendo imposible remontar por las corrientes del Tigris con las naves, Juliano decidió cometer el gran error de su vida al incendiar la flota, consiguiendo que sus tropas se desmoralizaran, teniendo que atravesar la desértica región de tierra quemada, padeciendo las legiones romanas toda clase de penalidades.

Juliano finalmente presentó batalla al enemigo, cerca de la ciudad de Samarra, en Mesopotamia bajo una lluvia de flechas, donde una de ellas alcanzó a Juliano en el hígado, otras versiones cuentan que un soldado enemigo, o quizás uno propio, lo alcanzó de un lanzazo en el vientre, y él mismo arrancándose dicha lanza la arrojó con fuerza, gritando la célebre frase de “Venciste Galileo” en referencia a Jesucristo, también se dice que tras la terrible herida, introdujo en ella su mano, lanzando la sangre hacia el cielo, profiriendo la legendaria frase llena de rabia y odio.

Juliano fue recogido del campo de batalla y trasladado a su tienda, donde entre terribles dolores, estuvo discutiendo con los filósofos Máximo y Prisco sobre la inmortalidad del alma, muriendo al poco tiempo, esto sucedía el 26 de junio del año 363, con Juliano El Apóstata, termina la Dinastía Constantiniana, y comienza una nueva dominada por Los Valerianos.

III-JULIANO EL APOSTATA

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