Roma Imperial

LOS ANTONINOS

Emerge una nueva concepción social que cambia el mundo.

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CRISTIANISMO EN LA EPOCA IMPERIAL

Con el nacimiento de Jesucristo durante el reinado del emperador Tiberio, se plantea una nueva concepción de la sociedad, en que este primitivo movimiento religioso llamado cristianismo, va a remover y transformar el mundo antiguo politeísta.

En los primeros comienzos, estaba compuesto el cristianismo por los seguidores inmediatos de Jesús, sus apóstoles y otra cantidad no muy numerosa de gentes, a fin de propagar las enseñanzas, que luego serian recogidas en el Nuevo Testamento. Los componentes de esta emergente religión eran judíos en gran parte, que provenientes de la Diáspora, fueron llamados helenistas, predominando el griego en su habla.

No obstante los cristianos seguían obedeciendo aun la ley judía, a la que pronto por su pureza humana, tendría que chocar con los preceptos y leyes judaicas.

De Jerusalén, núcleo principal de los cristianos, por la oposición de ideas y formas de vida, sufrieron las primeras persecuciones, siendo Esteban y Saulo sus más importantes mártires, ante tales situaciones los cristianos tuvieron que huir de Jerusalén, con lo cual facilitó la expansión de la religión cristiana, principalmente hacia Antioquia, Siria, Grecia, y parte de Oriente Próximo, erigiéndose como jefe de todos ellos Pedro, el discípulo predilecto de Jesucristo. Aun las dificultades de esta naciente religión, en el año 49 se organizó el Primer Concilio de Jerusalén, donde se definieron los preceptos y rituales cristianos frente a la confesión judaica, sentando Pedro las bases de la nueva ideología como entidad propia, lo que supuso la definitiva independización de los judíos.

Pedro como jefe del cristianismo y primer papa, se establece en la ciudad de Roma, donde también se produce un enfrentamiento con la religión y las ideas sociales del Imperio Romano, que aun condescendiente, en cuanto a su permisión con todas las religiones existentes en el imperio, se producen inevitables choques, y aunque la comunidad cristiana no representa aun peligro para el estado romano, ya sea por el escaso número de sus creyentes o casi nula influencia en la vida del imperio, aun así son incompatibles ambas creencias, ya que los cristianos rechazan la idolatría, el culto al emperador romano, por considerarlo pagano, anteponiendo la idea de un Dios único, a parte de la predicación cristiana en lo referente a la moral, que no admitía la esclavitud, predicando la igualdad para todo ser humano. Todo ello unido además a las reuniones secreteas de los cristianos, los romanos empezaron a ver un peligro tácito, en sus comportamientos, llegándose a propagar libelos, a los cuales acusaban de crueles ritos sanguinarios realizados por los cristianos, y el rechazo que estos manifestaban, hacia los dioses oficiales de la religión romana.

Nerón, a parte de sus dolorosos poemas, los cuales soportaban estoicamente conciudadanos y gobernantes, tenía Nerón ideas megalómanas, pretendiendo lograr pasar a la posterioridad como un gran constructor urbano, además de artista, soñando con una nueva y grandiosa Roma, y para sus logros aprovechó un incendio, que se declaró en la parte vieja de la ciudad, por otra parte fortuito, ya que muchas de las construcciones eran de madera, por lo que el siniestro comenzó cerca de unas construcciones al lado del circo, propagándose con inusitada rapidez, los ciudadanos exacerbados por los judíos, que veían a los cristianos como sus competidores religiosos, incitan al pueblo haciendo correr la voz de que los cristianos, por odio a los romanos, habían comenzado el incendio. Tras lo cual Nerón decreta la primera persecución seria, sufrida por los cristianos, siendo pasto de los animales salvajes y los gladiadores, en la arena del circo, el mismo Pedro es crucificado en Roma.

A esta primera persecución cristiana, si bien la más conocida y famosa, siguieron otras mas a lo largo de los primeros siglos de nuestra era, quizás la mas sangrienta que se recuerda, fuera la decretada por Diocleciano.

No obstante hubo emperadores, más condescendientes con la nueva religión, entre los cuales podemos citar a Trajano, que incluso llegó a prohibir las denuncias anónimas contra los cristianos. Tenemos el ejemplo de Adriano, el cual no creyó ser un peligro para el estado, la existencia de los cristianos. Se sabe que fue más estricto en la tolerancia hacia los cristianos, el cual aplicó la teoría de Trajano, considerando al cristiano como un delito individual.

Con la llegada del emperador Cómodo, se relajó en parte la existencia de los cristianos, pudiendo salir de sus catacumbas y clandestinidad, gozando de una mayor libertad, siendo cruciales en cierta manera que, a partir de los siglos III y IV calase en muchas conciencias el ideario cristiano, tanto en la gente del pueblo como en personajes de alto rango, en el conjunto del estado, y sobre todo en la época de los Severos.

Aun así el cristianismo tuvo sus altos y bajos, demostrativo ello es el edicto del emperador Decio el cual publicó la obligación de todos los ciudadanos en la participación de los sacrificios dedicados a los dioses, por cuyo motivo muchos cristianos se vieron acuciados por el temor produciéndose apostasías, propiciándose persecuciones hacia los que se oponían abandonar a la Iglesia Cristiana, por lo tanto las autoridades romanas cerraron numerosos templos, confiscación de bienes e incluso se sucedieron acciones sangrientas contra los cristianos.

Con la llegada al poder de ConstantinoI el Grande, y tras la victoria que obtuvo en el Puente Milvio contra su opositor Magencio, como buen emperador romano, buen político y sobre todo pragmático, Constantino vio en el creciente auge del cristianismo, una institución de la cual se podía aprovechar todo su potencial.

Constantino apoya ampliamente el Concilio de Arles, en el año 314, posteriormente en 325 el Concilio de Nicea, y ya como colofón a su apoyo hacia los cristianos, el Concilio Ecuménico de Constantinopla, del año 381. Constantino decreta el cristianismo como religión oficial de Roma, aun que él mismo no abrazase su doctrina, siguiendo acatando, a su manera, los dioses romanos.

Por lo que desde Constantino I, el Grande, la religión Cristiana, comienza su andadura, que si bien ha estado plagada de herejías, cismas, guerras civiles o cruzadas, ha ido permaneciendo ya durante veinte siglos, como omnímoda fuerza utilizada por emperadores, reyes y príncipes, llegando hasta el mismo pueblo llano, llenando todos los ámbitos, tanto en la vida civil como religiosa.

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